martes, 1 de septiembre de 2015

Árbol frondoso vs. árbol caído.

Una expresión metafórica empleada a menudo para referirse a las críticas hechas a quien está en una incómoda o mala situación: "Hacer leña del árbol caído", es una frase que encierra más de un significado. Hay quien la usa para una simple broma o quien lo hace para realizar una especie de catarsis al desahogar molestias que dicha persona le provocó en el pasado. Usualmente la gente censura ese tipo de conducta, pero, casi nunca se da cuenta cuando él o ella lo hace. Sin embargo, comparar a un ser humano con un árbol caído, sólo es posible si la persona, objeto de la comparación, se permite a sí mismo permanecer en un estado de inercia tal, que dé chance a los demás de convertirlo en leña. Ante cualquier eventualidad, de cualquier tamaño, de cualquier magnitud, lo primero que hacemos es reflexionar acerca de lo ocurrido y el estado actual de las cosas. Hacemos una meditación calmada y lógica de eso que está alterando el orden habitual de las cosas a nuestro alrededor. Lo segundo es actuar, comenzar a movernos. Una vez hemos identificado el origen de lo acontecido, y aún si todavía no hallamos la causa definitiva de lo que estamos viviendo, lo más aconsejable es dar pasos firmes y concretos en procura de solucionar o arreglar lo que no está funcionando bien.    El ser humano está diseñado para sobreponerse a todo lo que pueda acontecerle en la vida. Mejor dicho, la vida misma tiene respuestas para todas las preguntas que nos plantea el camino. Nunca estamos solos. Cuando tus fuerzas no sean suficientes para ponerte en pie, entonces, es el momento de confiar plenamente en el Señor. Háblale con sinceridad y explícale que has intentado todo lo que tus fuerzas te han permitido, y que lo necesitas a él para que se haga cargo de tu situación de ahora en adelante. ¡Esfuérzate y sé valiente! Apóyate en la palabra de Dios y ponte de nuevo sobre tus pies. Si Dios está de tu lado, nadie te podrá vencer. Verás como llegan a tu mente las soluciones, como se abren los caminos ante ti y sobre todo verás la luz que te guía en todas las etapas de la vida. Ese es el amor de Dios, un árbol que florecerá en tu alma para siempre.