martes, 23 de diciembre de 2014

La adoración de los magos.


“Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey Herodes. Y he aquí unos magos vinieron del oriente a Jerusalén, preguntando:

-¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el oriente y hemos venido para adorarle” (Mateo 2:1-2).

Hace muchos años de aquel acontecimiento. Los magos habían recorrido una gran distancia siguiendo el rumbo que les marcaba la estrella en el firmamento. Eran hombres sabios, pero sobre todo tenían fe. El hecho de haberse detenido precisamente en el palacio del rey Herodes a preguntar acerca del lugar del nacimiento del rey de los judíos nos dice que ellos no tenían poderes especiales con los cuales darse cuenta de la maldad que imperaba en la persona de Herodes. También vemos que este Herodes, quien no tenía buenas intenciones con los judíos ya que él mismo era descendiente de los edomitas, recibió personalmente a los magos extranjeros, lo cual quiere decir que estos no eran personas comunes y corrientes, más bien se trataba de personas distinguidas que inspiraban respeto. ¿Por qué habrían aquellos hombres de trasladarse hasta tierras extranjeras a adorar al rey de otra nación? La respuesta es sencilla. Estos hombres eran muy espirituales y habían recibido la confirmación en sus corazones del nacimiento de un iño que había venido a iluminar el camino de la humanidad. Eran hombres de corazones limpios a quienes se les había revelado el cumplimiento de una profecía que todos los sabios de aquellos entornos  conocían por medio del legado del profeta Isaías. Herodes sintió pánico al escuchar que los magos habían llegado a su tierra para adorar al nuevo rey y pidió a sus sacerdotes que le dijeran dónde habría de nacer aquel rey de quien estos hombres le hablaban. Los escribas a su servicio le informaron que la profecía decía que el rey de los judíos nacería en Belén. Herodes quiso ser astuto y les dijo a los magos que en cuanto encontraran al rey de los judíos se lo informaran para él también ir a adorarle. Los magos encontraron al Salvador del mundo junto a María su madre, y le rindieron tributos de adoración, también le obsequiaron oro, incienso y mirra. Luego recibieron revelaciones en sueños para que no regresaran por el mismo camino y evitaran a Herodes. Este último se sintió burlado y ordenó la matanza de todos los niños de aquella región en procura de matar al niño Jesús, pero hacía tiempo que José y María se habían llevado al niño a Egipto, porque así se lo había ordenado Dios padre que lo hicieran. Volvieron a aquella región luego de la muerte de Herodes y, por miedo a Arquelao, hijo de Herodes y nuevo rey de Judea, se quedaron a vivir en Galilea, en la ciudad de Nazaret, tal y como decía la profecía que pasaría, por eso a Jesús le llaman el nazareno.
Permite que el Señor te muestre la estrella de paz y amor que conduce a Cristo. Que estas fiestas en las que se celebra el nacimiento del niño Jesús sean un espacio de reflexión y unión familiar. Nada de excesos ni derroches, mucho amor para todos en tu familia y que tengas amor para compartir con todos tus allegados. La estrella brilla en el firmamento de tu corazón, siente su fulgor, expresa tu emoción y bríndale al rey de reyes un tributo de adoración con tu mente, con tu alma y con tu voz.  

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